Compartir mesa es uno de los pequeños placeres de los que, afortunadamente, podemos disfrutar a menudo. Y nos encanta porque implica mucho más que compartir espacio físico; cuando se elige la mejor compañía, se genera una atmósfera perfecta para compartir entre otros del sabor de una receta hecha con cariño, de los aromas de un buen vino y sobre todo muchas historias, recuerdos o ideas. Un espacio de disfrute en el que las conversaciones se pueden alargar sin límite.
Y aprovechando como excusa el ya reconocido Día Oficial del Amor, este febrero reivindicamos la importancia de dar un toque especial a las ocasiones más comunes. La idea es buscar en lo cotidiano ese detalle o sorpresa excepcional, consiguiendo que un día entre semana sea memorable: con una receta sorprendente, con un jarrón de flores en la mesa, con una servilleta de papel con mensaje, con velas para cenar entre semana o con la vajilla de las celebraciones un lunes.